
La Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas y Energía de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) acogió, el 18 de noviembre, el acto conmemorativo del 25º aniversario de la Cátedra ANEFA de Tecnología de Áridos para la Sostenibilidad, una alianza estratégica que, desde el año 2000, ha transformado la relación entre el sector de los áridos y el mundo académico.
En su intervención principal, el director general de ANEFA, César Luaces, repasó los orígenes de la Cátedra, recordando cómo un grupo de profesionales de la industria —liderados por Valeriano Sánchez y Rafael Fernández— se acercó a la entonces Escuela de Ingenieros de Minas de la UPM en busca de una alianza estable que impulsara el futuro del sector. Según destacó, durante un acto que también contó con la presencia de José Luis Parra, Daniel Torrejón, Javier Targhetta y Alberto Novoa, hace 25 años el ámbito de los áridos era “un sector desconocido, incluso para el mundo académico”, con grandes retos por delante y con la necesidad de estrechar lazos con la formación superior.
El discurso de Santiago Sánchez hizo hincapié en que este programa académico se ha consolidado como “un ejemplo de colaboración bien hecha”, capaz de atraer talento, generar conocimiento, impulsar la investigación y conectar a empresas, estudiantes y docentes. “La Cátedra ANEFA es un proyecto vivo, sólido y humano”, afirmó, agradeciendo el compromiso de los directores y coordinadores que han formado parte de esta trayectoria. “Nos esperan desafíos apasionantes: la sostenibilidad, la biodiversidad, la economía circular, la competitividad, la seguridad, la digitalización…”.


25 años de evolución y transformación del sector
Durante el acto, se presentó también un recorrido histórico con los hitos de estas dos décadas y media. La presentación oficial mostró la profunda transformación del sector de los áridos entre 2000 y 2025, así como los motivos que impulsaron la creación de la Cátedra: ausencia de ingenieros de minas en la industria, escasa presencia en los planes de estudio, carencias estructurales y una necesidad evidente de I+D+i.
El repaso incluyó hitos como la firma del convenio en noviembre del año 2000 o la consolidación de programas docentes, jornadas técnicas, proyectos de investigación e iniciativas de transferencia de conocimiento. También se mencionó el desarrollo de proyectos estratégicos como el Manual de Áridos para el Siglo XXI, los planes estratégicos del sector, los proyectos europeos Horizonte 2020, SCIMIN-CRM, SLO-MO, DigiEcoQuarry y Rotate, o la guía para la tramitación de proyectos mineros.
A todo ello se suma una intensa actividad formativa: cursos de especialista, jornadas técnicas, MOOC, prácticas en explotaciones y la participación de más de 400 profesores colaboradores. Asimismo, se destacó que la Cátedra ha contribuido a afrontar retos sectoriales como la tecnificación, la seguridad, la gestión medioambiental, la profesionalización, la aceptación social y la transición hacia la economía circular, situando al sector de los áridos como “un referente en materia de sostenibilidad”.


Un programa institucional con reconocimientos y visión de futuro
El acto comenzó con la apertura institucional a cargo de Ana María Bernardos, adjunta al vicerrector para Innovación de la UPM; Francisco Javier Elorza, director de la ETSIME; y Santiago Sánchez, presidente de ANEFA. También estuvieron presentes anteriores presidentes de ANEFA: Cipriano Gómez, Javier Andrada y Ramón Ruberte.
A continuación, se ofreció un espacio de reconocimiento a los coordinadores de la Cátedra en el que se hizo entrega de una placa de agradecimiento a anteriores directores de la Cátedra: Benjamín Calvo, Dulce Gómez, Carlos López y a Irene Sarompas viuda de Adolfo Núñez, que recogió el galardón en su nombre, así como una intervención especial de un alumno de la primera promoción, Alejandro Guerrero, hoy director de Áridos en Eiffage.
El programa incluyó, además, una conferencia magistral titulada: Transición energética, competitividad y geopolítica, impartida por Nemesio Fernández-Cuesta, quien fue Secretario de Estado de Energía entre 1996 y 1998.
En sus palabras de cierre, César Luaces expresó su agradecimiento a todas las personas que han contribuido a consolidar la Cátedra ANEFA: presidentes de la asociación, directores de la Escuela, directores académicos, investigadores, empresas y estudiantes. Recordó que el sector de los áridos es esencial para la sociedad, presente en infraestructuras, ciudades y calidad de vida, y que la Cátedra ha desempeñado un papel fundamental en visibilizarlo y fortalecerlo.
“Hoy no solo celebramos el pasado; celebramos la confianza en el futuro —señaló Santiago Sánchez. Un futuro que construiremos juntos, como hemos hecho siempre”. La jornada concluyó con un cóctel de celebración por los próximos 25 años de “colaboración, innovación y cariño compartido”.


Rafael Fernández Aller
«Cuando llegué al ámbito de los áridos en 1992, este era un ámbito muy poco considerado en el sector minero. En aquel momento, el árido estaba más vinculado al mundo de la construcción que al de la minería. De hecho, en la Escuela de Minas prácticamente no se trataba el tema del árido; como mucho, el de las rocas ornamentales. En los años 80 y 90, lo que realmente predominaba en la minería era el carbón y los metales, y en un segundo plano la roca ornamental. El árido quedaba muy atrás, casi como una actividad artesanal: graveras y canteras que se percibían como algo menor, pese a que estaban reguladas por la Ley de Minas y requerían un facultativo responsable, sobre todo por cuestiones de seguridad minera.
El problema es que, a pesar de esa falta de consideración, el árido era en realidad la actividad más importante del sector en número de explotaciones y de trabajadores. Pero, para entendernos, las “piedras” no eran muy apreciadas dentro del ámbito minero, y era evidente que había que reforzar su prestigio, mejorar la formación y contribuir a que el sector pasara de una imagen artesanal a un nivel técnico sólido, que es el que realmente merece.
En ese contexto, la creación de la Cátedra fue clave. Por un lado, reforzaba el vínculo entre las empresas y la Escuela de Minas, es decir, entre el sector productivo y la formación minera. Al principio la financiaron algunas empresas, luego ANEFA, pero siempre con ese espíritu de crear conexión. Y, por otro lado, esa Cátedra permitía formar a profesionales preparados, capaces de impulsar el desarrollo técnico de las explotaciones. Creo sinceramente que fue una gran idea. En aquel momento, tanto César Luaces como yo teníamos una magnífica relación con la Escuela de Minas, con LOEMCO y con todas las organizaciones ligadas a ella, de modo que era una oportunidad perfecta para dar ese impulso. Ya existían algunas cátedras, no muchas, y esta nos permitió situar al árido en un nivel formativo que nunca había tenido.
En cuanto al futuro, soy optimista. La construcción —tanto la obra pública como la vivienda— volverá a tener un desarrollo importante. Es evidente que, tarde o temprano, el mercado de la vivienda tendrá que reactivarse por pura necesidad, y también la obra pública, que lleva unos años de cierto parón, volverá a impulsarse. Y desde un punto de vista minero y constructivo, el elemento básico para que todo eso sea posible es el árido. Sin árido no se puede hacer hormigón, ni mortero, ni prácticamente nada: no se puede construir.
Además, a través de ANEFA y de todo su desarrollo, el sector ha conseguido situarse en un nivel relevante tanto dentro del ámbito minero como del constructivo. Y déjame decirte algo que no debes poner literalmente en ningún sitio, pero que es importante para entender el contexto: cuando yo entré en este mundo, el rey —al margen del cemento, que siempre ha tenido su peso— era el hormigón. Organizativamente, a nivel asociativo, el hormigón lo dominaba todo. El árido era visto casi como “las piedras para hacer hormigón”, un segundo plato. Y aquello era un sinsentido.
Porque las verdaderas dificultades, los auténticos retos, están en la explotación: en las canteras y en las graveras. Cualquiera puede montar una planta de hormigón: al final es un mezclador de agua, cemento y árido. Pero la riqueza natural —la madre del cordero— está en el árido. Las empresas que tienen canteras poseen un recurso natural valiosísimo, cuya explotación está ligada incluso a un mandato constitucional de aprovechamiento del subsuelo para el desarrollo.
Y, además, es un recurso imprescindible para la construcción, para la obra pública y para la vivienda. Por eso estoy convencido de que el futuro del sector es halagüeño.
Quiero decirte que siento un enorme cariño por César Luaces. Tengo dos hijas y no tuve ningún hijo, pero para mí César es como si lo fuera. Conocí a su padre hace muchos años, cuando ambos trabajábamos en la Empresa Nacional ADARO de Investigaciones Mineras. Era una empresa muy grande, con más de mil empleados, y aunque no trabajábamos en la misma área, coincidimos allí durante muchos años. Siempre tuve una relación muy buena con él y lo recuerdo como una persona excepcional, querida por todos.
Más adelante, cuando necesité incorporar más personal, tuve la oportunidad de contratar a César Luaces, que prácticamente acababa de terminar la carrera. Desde entonces compartimos una larga etapa profesional juntos.
Cuando dejé la asociación, no había ninguna duda sobre su valía. César había ido creciendo profesionalmente a mi lado y siempre ha sido una persona trabajadora, organizada y dispuesta a dar un paso adelante. Es de los que se ofrecen voluntarios siempre que hay algo que hacer. Por eso le tengo no solo un cariño personal enorme, sino también una profunda admiración profesional.
Estoy convencido de que César es un pilar fundamental para ANEFA y también para la minería no metálica en España. Durante mucho tiempo ANEFA estuvo en una situación complicada y, además, coexistía CONFEDEM, lo que generaba tensiones y falta de unidad en el sector. Ahora, gracias también al trabajo realizado a través de Primigea y de muchas iniciativas que se han ido consolidando con los años, la minería ha conseguido unirse y tener una única voz. Esto es esencial, porque nuestro sector no tiene la suficiente fuerza como para permitirse estar dividido. Lo lógico es que estemos juntos y defendamos unidos el desarrollo minero.
Para mí, todo el mérito —pasado, presente y futuro— es suyo. César siempre ha sido el primero en dar ejemplo y trabajar. Sé que tiene un equipo excelente, en el que estás tú también, pero incluso la capacidad de formar ese equipo es ya un mérito enorme».

Alejandro Guerrero.
Director de Áridos en Eiffage Infraestructuras.
Esta Cátedra y sus actividades me proporcionaron un extra de especialización que fue clave en mi carrera y me abrieron la puerta al mercado laboral y, sobre todo, a este sector tan maravilloso.
Hoy sigo en este sector y defiendo que es importante recordar por qué hay que seguir apoyando la Cátedra y por qué es importante que las empresas que forman parte de ella la apoyen: necesitamos asegurar nuestro relevo generacional, que la gente joven descubra este sector, que es fantástico, muy vivo, muy divertido… y que es un pilar básico para cualquier sociedad. Necesitamos que los estudiantes se acerquen, se formen y se animen a formar parte del sector.
Para mí la Cátedra ANEFA y el Curso de Tecnología de Áridos han sido fundamentales. He sido alumno, he sido profesor y luego he seguido empujando desde la empresa en la que estoy ahora, animando a otros a formarse. La experiencia me dice que esa es la manera de tener profesionales de verdad.
A mí me devolvió rápido a la realidad un encargado de cantera en San José del Valle, en Cádiz, que me soltó algo así como: “Leandro, esto son piedras. Déjate de rollos: aquí hay que romper piedras y venderlas”. Y tenía razón. Pero también es verdad que, para romper piedra y venderla bien, hay que conocer la tecnología y hay que formarse. Las dos cosas van juntas.
Alfonso Maldonado.
Catedrático, director de la ETSI de la UPM (1999-2008).
Los comienzos de la cátedra no fueron fáciles, pero el esfuerzo de todos logró que finalmente pudiéramos disfrutar de la Cátedra ANEFA en la UPM. Y desde entonces ha sido todo un éxito. Personalmente, durante mi etapa en los Estados Unidos, ya había tenido la oportunidad de comprobar que iniciativas como esta podían funcionar muy bien. De hecho, en mi etapa como director de esta escuela puse en funcionamiento ocho iniciativas de este tipo y esta, en concreto, fue una de las que más mimé.
Esta iniciativa considero que es muy importante ya que acerca a los alumnos de ingeniería de minas a esta industria de los áridos. Así cuando terminan la carrera ya tienen la oportunidad de tener su futuro muy encaminado en el mundo empresarial. Además de la inserción laboral para mí, también ha sido muy importante el papel de esta cátedra en transmitir e impulsar una cultura de la excelencia. El ingeniero tiene que ser excelente si no, no tiene credibilidad.
Como reza el monumento a Eugenio d’Ors en la Castellana: “todo pasa, nada queda… salvo el recuerdo de lo importante”. Y si esta cátedra sigue viva tras 25 años, es porque es importante.

Ana María Bernardos, adjunta al vicerrector para Innovación de la UPM.
Desde la UPM apostamos claramente por este modelo de colaboración entre universidad-empresa que tiene la Cátedra. Estamos convencidas de que permite construir un ecosistema fructífero a largo plazo: un espacio donde Universidad y empresa se entienden, trabajan juntas para mejorar la capacitación de los estudiantes, impulsan el avance tecnológico y, además, mantienen una conexión continua.
Una iniciativa como esta, con una trayectoria tan larga y sólida, es un orgullo para nosotros. Hoy contamos con unas 80 cátedras, pero no todas pueden presumir de un recorrido tan prolongado como este. Por eso, antes que nada, quiero felicitarles y dar las gracias a todas las personas y entidades que lo han hecho posible. Este aniversario es un momento perfecto para mirar atrás, valorar lo conseguido y, al mismo tiempo, ver todo lo que queda por recorrer.
En este tiempo, el sector ha vivido una evolución profunda y hoy necesita, más que nunca, un enfoque multidisciplinar. Tecnologías propias del sector, sí, pero también herramientas digitales para la optimización de procesos, la introducción de técnicas basadas en inteligencia artificial, el desarrollo de nuevos materiales… y, por supuesto, grandes retos ligados a la sostenibilidad y a la economía circular. Todo ello abre un campo enorme de posibilidades. Por eso, orientar la Cátedra hacia actividades vinculadas a la innovación y a la transferencia de tecnología entre la Universidad y las empresas es fundamental y, sin duda, clave para un futuro igual de exitoso.
Esta cátedra cuenta, además, con un impresionante palmarés de cursos y especializaciones que ha puesto al servicio de profesionales y estudiantes de dentro y de fuera de la universidad. Es algo que merece ser destacado de manera especial. El programa que nos reúne hoy refleja muy bien ese espíritu: memoria, aprendizaje, reconocimiento… y proyección hacia el futuro.

Cipriano Gómez
Para mí estar hoy aquí, con vosotros, celebrando el XV aniversario de esta cátedra, es realmente especial. Tuve el honor de ser uno de los participantes financiadores hasta 2007; regresar ahora es un gran placer. Quiero ofrecer un reconocimiento especial a todos vosotros.

Dulce Gómez
Quiero agradecer a todos los colaboradores y también a los presidentes. A Javier, por supuesto, que ha estado al frente de la Catedra durante un periodo muy largo —casi 15 años— en el que nos tocó enfrentar la crisis, pero aun así desarrollamos iniciativas muy importantes para que esta actividad no se detuviera. Tuvimos un gran número de alumnos: recuerdo que, en ocasiones, superábamos casi los 100 participantes en los cursos de formación para profesionales. A ellos se sumaron empresarios del sector que vinieron a formarse al curso de Especialista en Tecnología de los Áridos, que, además, tenía un formato online.
Quiero destacar también a la mujer de Adolfo Núñez. Para mí, Adolfo fue un compañero esencial en la unidad docente y, además, mi mano derecha durante todo este periodo. Agradezco muchísimo que exista un premio dedicado a su labor.
Deseo resaltar, además, que para mí los empresarios no son solo empresarios: son compañeros con quienes hemos llegado a entablar una amistad impresionante. Han dado un ejemplo extraordinario, y no solo aquí en España. Como profesora, puedo decir que se ha obtenido un rendimiento increíble: no solo por los alumnos, sino porque hemos podido desarrollar proyectos reales en explotaciones, donde también nosotros aprendíamos. Permanecíamos en contacto con la realidad y veíamos cómo los alumnos —profesionales en activo— se entusiasmaban. El mejor ejemplo es que el sector ha crecido mucho, tanto técnica como procedimentalmente. Así que muchas gracias a todos los que habéis hecho posible todo esto.

Javier Andrada
Qué bien nos lo pasábamos. Bueno, en realidad César trabajaba y los demás nos divertíamos. Esos recuerdos no se pueden olvidar: forman parte de esta asociación y de esta escuela, y me unen profundamente con todos los que forman y formaron parte de este proyecto por el espíritu entrañable que compartíamos y por la convivencia tan especial que teníamos.
Me tocaron momentos muy difíciles con la crisis, complicados, hasta el punto de que casi suspendimos la cátedra. Fue un momento nefasto, pero logramos reformarla y retomarla después, y aquello fue un orgullo.
Para mí siempre fue una gran satisfacción entregar los diplomas a los alumnos de esta escuela. De verdad, me siento muy agradecido, especialmente por este momento tan plácido, rodeado de tantas personas que aprecio. Aunque a veces digo que no tengo ni idea de cómo he terminado aquí, lo cierto es que estoy con vosotros, con el equipo, con la familia, con todos. Muchísimas gracias por todo.

Nemesio Fernández-Cuesta, Senior Energy Advisor en Alantra. Miembro del Consejo Asesor de Engie.
Los áridos constituyen una industria absolutamente imprescindible; todo lo relacionado con ellos es esencial. Además, creo que, en el marco de la transición energética, este sector ya ha avanzado mucho y todavía puede aportar soluciones importantes.
¿Y qué tipo de soluciones puede ofrecer? Pues bien: una vez capturado el CO₂ —y la captura de CO₂ será imprescindible para la descarbonización de determinadas industrias—, una manera de almacenarlo de forma permanente es producir áridos. Efectivamente, este proceso tiene sus dificultades y sus costes, pero permite fijar permanentemente una cantidad determinada de CO₂, lo que puede generar ingresos suficientes para justificar la operación. Obviamente, no es la solución, pero sí una solución válida. Creo que, en general, el error en la transición energética es pensar que existe una única respuesta, cuando en realidad será la suma de muchas soluciones parciales la que nos permitirá avanzar hacia un escenario mejor del que actualmente nos dirigimos.
Respecto a lo que voy a contar en mi conferencia, daré primero una visión general de dónde estamos en materia de emisiones y en el proceso de transición energética, y hacia dónde nos dirigimos. En segundo lugar, analizaré la política energética en su relación con la competitividad. Uno de los problemas fundamentales de la industria europea es su falta de competitividad, derivada principalmente del elevado coste del gas y de la energía importada. La electrificación de la industria europea —basada en renovables y en sistemas de almacenamiento— puede permitir una recuperación significativa de esa competitividad. A partir de ahí, enlazaré con algunos elementos de geopolítica para tratar de entender la posición de Estados Unidos y de China, que cuentan con electricidad barata: unos basados en gas y otros en carbón. Así, la transición energética, además de reducir emisiones, podría situarnos en una senda de recuperación competitiva para la industria europea.

Ramón Ruberte
Fui vicepresidente con Javier Andrada… por lo que tuve que trabajar mucho, ya sabía lo que implicaba. Aun así, también tengo que decir que aprendí muchísimo de él. Aunque él no conocía en profundidad el sector de los áridos, todo lo demás lo dominaba, y yo aprendí mucho a su lado.
También quiero reconocer la labor del presidente. Le tocó una época difícil, la que heredé en 2014, un momento en el que todos se marchaban, cuando estábamos en el fondo. Poco a poco remontamos y las cosas han ido a mejor. Eso, al menos, lo hizo todo un poco más llevadero.
Quiero destacar que me ha causado una profunda alegría el reconocimiento a Juan Luis Bouza. Además de ser un gran amigo, era muy merecido reconocerlo en la Cátedra. Fue un referente e inspiración para todos.
También quiero mencionar a Rafael, que fue quien me convenció para entrar en la Mesa en el año 1995. Fue en Zaragoza, cuando nos explicaban aquello de la clasificación, y acabó fichándonos a todos. Aprendimos muchísimo entonces.
Por mi parte, además de la experiencia que traía de casa y de lo aprendido en el entorno de los áridos, he aprendido muchísimo gracias a la Cátedra. El primer día que vine a un curso de tecnología me impresionó profundamente. Te impacta porque te hace sentir de verdad lo que transmiten los principios de honestidad y lealtad, que aplicas en tu carrera y en tu profesión. A mí se me quedaron grabadas, y creo que son un referente para seguir una línea ética en la vida y en el trabajo.
No puedo más que agradecer a la Escuela, a ANEFA y a esta profesión todo lo que nos ha dado y cómo nos ha formado.

Santiago Sánchez
Es una fecha muy importante, porque la Cátedra, para nosotros los empresarios, es vital ya que nos aporta mucho conocimiento. Gracias a ella siempre surgen discusiones, alternativas y nuevos enfoques; está claro que debemos ir siempre de la mano de la Universidad. Creemos que es un elemento clave en nuestra estrategia, sobre todo en lo que se refiere a formación y a mantener una mejora continua.
La Cátedra es fundamental, especialmente ahora, cuando entramos en tiempos en los que la digitalización y la descarbonización van a ser esenciales para situarnos plenamente en el siglo XXI. Nuestro sector es cada vez más necesario y estratégicamente indispensable.
Aprender de esta Cátedra y poner toda la iniciativa posible para que siga funcionando, como ha hecho durante todos estos años, es un objetivo para perseguir. Quiero dar las gracias a todos los que han sido el motor de la asociación y a los coordinadores de la Cátedra, que habéis aportado tantísimos profesionales al sector. Muchas gracias a todos.

Carlos López
El XXV aniversario de la Cátedra ANEFA es una forma de reunir viejas esperanzas y deseos proyectándolos hacia realidades futuras. Por eso me parece algo sumamente interesante.
Siempre entendí que, si no existiera esta Cátedra ANEFA, habría que crearla. Es totalmente necesaria para el desarrollo de la actividad extractiva en la Comunidad de Madrid y en otras comunidades limítrofes. Y a las pruebas me remito: basta ver la preferencia y el nivel de los alumnos que han pasado por estos cursos.